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El retrato de la huida

El nuevo trabajo de Ai Weiwei, el artista chino más influyente del mundo, es un documental con millones de protagonistas, en él hablan las voces que se desplazan. Un grito común a través de la cámara que no deja indiferente.

Alcanzar la mente colonizante y deletrearle el verbo “empatizar”. O lo que es lo mismo: cambiar narrativas. Ese es el fin del trabajo de Ai Weiwei en cualquiera de sus formas. Ese es el fin, también, del trabajo de la Fundación porCausa. Weiwei no destaca en un campo artístico concreto, quizás porque no pertenece a ninguno. Desde sus inicios ha llevado a cabo series fotográficas, esculturas, obras de arte audiovisual… A este artista, como a porCausa, nadie le define, y eso es parte de la idea. Quizás su (nuestro) objetivo requiera nuevos lenguajes… Se presenta a medio camino entre el arte y el activismo, porque si algo tiene claro es que la crítica política y la libertad social van de la mano, aunque eso suponga permanecer 81 días detenido e incomunicado, y toda la vida siendo vigilado por el Gobierno de su propio país.

Para sus trabajos expositivos siempre ha escogido minuciosamente la ubicación: presentó en Praga una barca de 70 metros repleta de figuras humanas sin rostros, creadas con el mismo material con el que se fabrican los botes que, repletos de personas, cruzan a diario el Mediterráneo; en Berlín, cubrió las columnas del Konzerthaus con cientos de chalecos salvavidas, de esos que se amontonan en el suelo de la costa griega desde 2015; en Nueva York, cercó los monumentos más emblemáticos de la ciudad cuando Trump llegó a la presidencia. Ahora, elige las salas de cine de todo el mundo. Se trata de desorganizar el orden espacial construido a partir de la narrativa social que, cargada de caracteres políticos, establece y normaliza un “nosotros frente a ellos”. El rechazo de clase, de raza y de género crean espacios que delimitan a todas las clases, a todas las razas y a todos los géneros. “Ser refugiado es mucho más que un estatus político”, señala su película Marea humana (Human Flow), que se estrena en los cines de España el 6 de abril, distribuida por A Contracorriente.

“Será un enorme reto reconocer que el mundo está encogiéndose, y personas de diferentes religiones y culturas van a tener que aprender a vivir juntas”

Las fronteras naturales se extienden y pasan a delimitar la vida humana haciendo que las distancias no tengan tanto que ver con la geografía sino con la identidad. Así, las vallas se convierten en símbolos, aparecen los no lugares y el Mediterráneo es paraíso y fosa al mismo tiempo. A veces, la marea interrumpe la falsa tranquilidad cuando hace llegar pateras con decenas de personas a playas gentrificadas. La sucesión de esos instantes en los que muchos lugares son de repente uno solo, genera acciones que alimentan una realidad anestesiada: discursos del miedo, la protección de países frente a lo que los gobiernos pasan a llamar “amenazas”, una seguridad que trasciende todos los límites y de la que todos y todas somos víctimas. Bajo las grandes letras del título de la película, otras pequeñas dicen: “Cuando no hay donde ir, nadie está en el hogar”.

A finales de 2016, 65,6 millones de personas se encontraban desplazadas según el informe anual de ACNUR. La Agencia de la ONU para los Refugiados señalaba entonces que al menos 20 personas por minuto se vieron obligadas ese mismo año a abandonar sus hogares para buscar protección en otro lugar. Bastan estas cifras para comprobar que la marea con mayor fuerza es la marea humana. Pero cada cifra tiene un rostro que en la globalidad, paradójicamente, parece desaparecer. “Con el concepto de la globalización, el derecho humano y la vida digna es un problema que está azotando a todos los países del mundo, sin excepción”, dijo el autor durante su paso por la Seminci de Valladolid el pasado octubre.

La Fundación porCausa lleva más de dos años hablando de migración desde la investigación y el periodismo, acompañando un flujo mediático que queremos cambiar. Por ello, trabajos como el de Ai Weiwei nos hacen creer que mediante la información, en cualquiera de sus formas, una sociedad más cabal puede ser posible. Tal y como se señala en Marea humana: “Será un enorme reto reconocer que el mundo está encogiéndose, y personas de diferentes religiones y culturas van a tener que aprender a vivir juntas”.

La Fundación porCausa hace periodismo e investigación sobre las migraciones. El trabajo de Ai Weiwei es una inspiración para nosotros. Si tú también te sientes parte de esta ‘marea humana’, hazte socio o socia de porCausa.

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