República Checa (parte 1): contexto y partidos políticos

Andrej Babiš fue investido como primer ministro en diciembre de 2017 y Miloš Zeman puede repetir como presidente el 12 de enero.

La República Checa celebró elecciones legislativas en octubre de 2017, dando como vencedor al partido (ANO) del último ministro de Economía, Andrej Babiš. El 12 de enero de 2018 se celebran elecciones presidenciales con un Babiš recién investido como primer ministro y unas encuestas que se inclinan a la repetición de mandato del anterior presidente, Miloš Zeman.

La debilidad institucional checa

La historia contemporánea de la República Checa, como la de casi toda Europa central, ha sido una sucesión de divisiones, anexiones y transformaciones violentas que, salvo raras excepciones, apenas han dejado espacio para la libertad y la democracia. Tras un corto periodo democrático que vio nacer la primera Constitución checoslovaca de 1920 con la independencia tras siglos de dominación austrohúngara, en los años 30 el país se sumió en una profunda agitación política, con una grave crisis económica e industrial y con movimientos secesionistas eslovacos. Hitler aprovechó para anexionarse los Sudetes y posteriormente el resto del país (1938) creando el protectorado de Bohemia y Moravia. En 1945, en Yalta, la suerte de los checos quedó esta vez bajo la órbita soviética bajo cuyo yugo estuvo más de cuarenta años, hasta la caída del Muro y la revolución de terciopelo de 1989. El Foro Cívico, liderado por Václav Havel, consiguió una transición ejemplar sin una sola víctima y dio paso a la consolidación económica y democrática rápida y pacífica de Checoslovaquia. En 1993, la República Checa vivió la separación pacífica de Eslovaquia (a petición de esta), en 1999 ingresó en la OTAN y en 2004 en la Unión Europea.

Las reformas de los últimos 25 años, primero en Checoslovaquia y después de 1993 como República Checa dieron lugar a instituciones y procesos políticos democráticos; la transformación de una economía de planificación estatal en una economía de mercado; el establecimiento del Estado de derecho; y el fortalecimiento de la sociedad civil. El gran reto era construir “una democracia sin demócratas”, ya que la creación del entramado institucional y legislativo podían ser impuestos por ley imitando otros modelos. Pero tanto la mentalidad económica liberal, y sobre todo, la creación de un Estado de derecho y una sociedad civil fuerte, necesitaba una ciudadanía y una cultura democrática que no podía imponerse desde arriba. Ese fue el mayor reto del postcomunismo, que llevó finalmente a una democracia formal basada en la concurrencia de partidos en procesos electorales, en la que la sociedad civil aparecía como antagonista de los partidos y con una nula preocupación por la situación de las minorías. Los partidos fueron creados por elites, sin apenas apoyo popular, lo que dio pábulo a oscuras relaciones entre estos y los poderes económicos y empresariales, una situación que llega hasta la actualidad. Fue precisamente la debilidad institucional de los partidos políticos, en manos de intereses económicos, lo que fomentó además el surgimiento de movimientos populistas, que en las últimas elecciones vieron nacer movimientos de esta naturaleza financiados por oligarcas como el Partido de Asuntos Públicos de Vít Bárta, y el movimiento ANO (Ciudadanos Indignados en Acción) del multimillonario Andrej Babiš.

A todo esto, se añade el contexto de la globalización, la aparición de medios de comunicación vinculados al poder y la construcción de una sociedad civil mediatizada por las redes y las nuevas tecnologías que se convierten en el canal de transmisión del discurso público y de la acción social, retrocediendo la representatividad de los partidos tradicionales y los sindicatos. En general, todas las nuevas democracias europeas postcomunistas experimentaron una modernización espectacular, con la tutela y apoyo de las organizaciones internacionales (en el caso checo, principalmente la Unión Europea, la OTAN, la OSCE, la OCDE y el Consejo de Europa además de los EEUU) pero subyace un importante déficit de valores y de cultura democrática como una ciudadanía activa, valores de compromiso y tolerancia y el respeto a las minorías, que no han sido realmente interiorizados para dar lugar a una sociedad civil madura.

Otro factor importante de la República Checa es su composición social. En un país de poco más de 10 millones de habitantes, los migrantes representan alrededor del 4% de la población (la mayoría de los cuales proceden de Eslovaquia, Ucrania y Vietnam). Salvo los vietnamitas (cuyo origen se debe a los vínculos e intercambios entre la Unión Soviética y los vietnamitas que huían de la guerra contra EEUU) la mayoría de población inmigrante proviene de países eslavos y por tanto sin apenas distinción racial, cultural y lingüística. La minoría gitana o romaní es un caso aparte. Esta minoría que sufrió en Centroeuropa la exterminación nazi en los campos de concentración (el 90% de los gitanos checos fueron asesinados en los campos de Lety y Auschwitz) y la posterior persecución, “reeducación” y esterilización soviética, sigue hoy en día estigmatizada en Centroeuropa y en la República Checa en particular.

En Chequia, la discriminación contra los romanís y el racismo político ha estado muy presente en el discurso público en las últimas décadas. Antes de la desaparición de Checoslovaquia como Estado unitario, los gitanos formaban el grupo minoritario más numeroso. Hoy viven en la República Checa cerca de 300.000 gitanos, con una tasa de desempleo cercana al 70%, considerados “borrachos y ladrones” por una buena parte de la población checa, negándoseles el acceso al empleo, a una vivienda digna y en definitiva a la integración social. Han sufrido discriminación, abandono e incluso ataques violentos por parte de movimientos neonazis. El momento más vergonzoso fue la construcción de un muro en Ùsti nad Labemu en 1998, para separar a los gitanos del resto de la población, que posteriormente tuvo que ser derribado ante la presión internacional. Tan solo en 2016 se decidió restaurar la memoria de la exterminación nazi contra los gitanos en el antiguo campo de concentración de Lety, donde hasta la fecha funcionaba una granja de cerdos.

Según el eurobarómetro sobre discriminación de 2015, se percibe un fuerte rechazo hacia la población gitana y la musulmana, siendo los checos los que más rechazan a los gitanos en el ámbito laboral, donde solo un 29% se sentiría cómodo o indiferente ante una persona de esta etnia. Desde 2015, sin embargo, son las tendencias islamófobas las que van relegando el discurso antigitano. El movimiento islamófobo de base popular tuvo sus raíces intelectuales en el profesor de entomología Martin Konvička, luego reconocidas y adoptadas por el propio presidente Miloš Zeman y luego incorporadas a la corriente política principal.

Además, la respuesta de la República Checa a la crisis de los refugiados hay que encuadrarla en el marco de la región del  Grupo de Visegrado al que pertenece desde su fundación en 1991 junto a Eslovaquia, Hungría y Polonia. Este grupo, que aúna una identidad y actitud común basada en el rechazo, la falta de cooperación y un discurso antinmigratorio y antirrefugiados, en la República Checa se refleja en el discurso del Gobierno, en el aumento del populismo y en el creciente sentimiento antinmigración de la sociedad, siguiendo la estela de la Hungría de Orbán. Según Marie Heřmanová y Robert Basch, de la Open Society Foundations en Praga, la migración en el discurso político checo se puede enmarcar en dos ejes:

La migración vista como una amenaza y tratada en los medios y en el discurso político como un tema de seguridad, obviando todos los aspectos positivos que traen las migraciones
Poniendo el foco en la incompatibilidad cultural y la integración problemática de los musulmanes en la sociedad checa

Desde el inicio del verano de 2015 y de la ola migratoria que llegó a Europa a través de la ruta balcánica, esto se convirtió, en la República Checa, en el tema político más sensible, a pesar de la presencia testimonial de inmigración no europea en este país (exceptuando la ya mencionada minoría vietnamita). En septiembre de 2015, Chequia y sus vecinos (Hungría, Rumanía y Eslovaquia) votaron contra del sistema de cuotas propuesto por la UE para reubicar solicitantes de asilo llegados masivamente a Italia y Grecia.

El panorama político

El 20 y 21 de octubre de 2017 la República Checa celebró elecciones envuelta en una turbia situación política. En el mes de mayo, el primer ministro checo, Bohuslav Sobotka, anunciaba la disolución de su gobierno de coalición, y su dimisión. El origen de la crisis de Gobierno estuvo en las acusaciones por evasión fiscal contra el viceprimer ministro y ministro de Finanzas, Andrej Babiš, también magnate de telecomunicaciones del país. El Gobierno de la República Checa estaba entonces formado por una coalición tripartita entre el Partido Ciudadanos Disgustados en Acción (ANO, en sus siglas en checo), los socialdemócratas (CSSD) y los democristianos (KDU-CSL).

Los resultados han dado como ganador, como preveían las encuestas, a la coalición ANO de Andrej Babiš, pero con mayor margen que el previsto. Y, lo que es más preocupante, dos partidos euroescépticos, los demócratas cívicos del ODS y el SPD del partido antinmigrante de Tomio Okamura han obtenido una inesperada presencia parlamentaria (25 y 22 escaños, respectivamente), lo que aleja de la órbita de Bruselas al ejecutivo y legislativo checo en una deriva similar a la de polacos y húngaros. Los grandes perdedores fueron los socialdemócratas (que encabezaban la coalición de Gobierno saliente, que terminaron en sexta posición) y el TOP 09, único partido europeísta, que apenas superó el 5% requerido para estar representado en la Cámara de Diputados. Según los analistas, ANO podría optar por una reorganización de la administración saliente, pero ahora como líderes, con el apoyo de socialdemócratas y democratacristianos como socios minoritarios.

Al contrario que en Polonia y Hungría, donde el populismo tiene base conservadora y cultural, en la República Checa se habla del “populismo economicista” o empresarial, en el que se enaltecen los valores de la empresa privada frente a la corrupción de las élites políticas y burocráticas, de esta manera los políticos y empresarios se proponen como salvadores ante la vieja política. El origen estaría en el hartazgo del electorado tras dos gobiernos salpicados de casos graves de corrupción, impunes en un contexto de crisis económica, que supuso la caída de la confianza en los partidos tradicionales en las elecciones de 2013 y el surgimiento del actual panorama.

Los partidos con representación en el recientemente elegido Parlamento checo (200 escaños) son los siguientes, de mayor a menor representación:

ANO (Acción de los Ciudadanos Insatisfechos)

Ganador indiscutible de las elecciones de octubre de 2017, con el 29,64% de los votos y 78 escaños (31 más que en las anteriores elecciones).

Creado y liderado en 2011 por el magnate checo Andrej Babiš (apodado Babisconi), segunda mayor fortuna checa y actual ministro de Economía. Propietario de un gran grupo agroalimentario y de varios medios de comunicación, encaja en los parámetros de centro-derecha, de hecho, está hermanado con Ciudadanos en la Alianza de los Liberales Europeos. Su lema es, como el de Trump, que él no pertenece a la élite política, que ha venido a trabajar y que hay que administrar el Estado como una empresa.

A pesar de haber provocado la caída del Gobierno por sus conflictos de intereses y su ministerio público, además de acusaciones de fraude fiscal, es el político más valorado y su partido le sacaba ya 10 puntos al siguiente en las encuestas de intención de voto que tras las elecciones, se materializó en una diferencia de más de 18 puntos respecto a los demócratas cívicos. Su propaganda se basó en bajar los impuestos y acabar con la corrupción, con una campaña mediática y en redes financiada por él mismo con el apoyo de artistas, deportistas y celebridades para  ampliar su popularidad. El partido ANO es Andrej Babiš, creado a su imagen y semejanza y a su servicio. Se lo puede permitir y además controla grandes medios de comunicación checos.

ODS (Partido Democrático Cívico)

Con 25 escaños en las últimas elecciones (9 más que en 2013) el ODS es un partido político de centro derecha/derecha, fundado en 1991 por Václav Klaus y actualmente presidido por Petr Fiala. Forma parte de la Unión Internacional Demócrata y está afiliado en el Parlamento Europeo al Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (GCRE).

Su ideología es liberal-conservadora, apoya el liberalismo económico, y es euroescéptica, al estilo de los tories británicos, en su programa están presentes: bajada de impuestos, lucha contra el endeudamiento público, apoyo a las familias tradicionales, reducción de la burocracia, mejores condiciones para los negocios, un estado seguro con un fuerte vínculo transatlántico. El ODS se opone al multiculturalismo y cree que los inmigrantes de diferentes culturas deberían ser aceptados solo si respetan la cultura checa y aprenden el idioma y la historia. Son islamófobos, con tendencia a equiparar el Islam con su versión más radical.

Partido Pirata

Fue la gran sorpresa de las últimas elecciones, al convertirse en el tercer partido parlamentario (22 escaños y el 10,79% de apoyo electoral). Fundado en 2009, su programa se centra en la transparencia política y la rendición de cuentas, la anticorrupción, el gobierno electrónico, las pequeñas empresas, la prevención de la evasión fiscal, los elementos de democracia directa como la participación pública en la toma de decisiones, el desarrollo local, las libertades civiles y propuestas de políticas y reformas para impuestos, educación, ciencia, salud, medio ambiente, cultura, industria y comercio, agricultura, sistema de justicia y relaciones exteriores.

SPD (Libertad y Democracia Directa – Tomio Okamura)

SPD (en checo: Svoboda a přímá demokracie – Tomio Okamura) es un partido político de ultraderecha, euroescéptico, antinmigración, islamófobo y pro democracia directa fundado en 2015 por el magnate checo-japonés Tomio Okamura, diputado en la anterior legislatura con el partido USVIT (Amanecer de Democracia Directa). Aunque su programa es en muchos aspectos similar a ANO, Okamura dirige su discurso público contra la inmigración, los gitanos, los desempleados, los pobres o las personas socialmente excluidas a los que culpa de sus desgracias. Okamura, tras los atentados de París en 2015, llegó a exhortar en Internet a los ciudadanos a pasear cerdos en las cercanías de las mezquitas y llevar allí a los indigentes para amargar la vida a los musulmanes. Además llamó a los ciudadanos a boicotear a los comerciantes musulmanes de kebab y de telefonía móvil, cuya venta sirve en su opinión para la financiación al Islam radical. Se oponen, por supuesto, a cualquier aceptación de cuotas o solidaridad con las personas en busca de asilo. Han obtenido 22 escaños en las recientes elecciones, con un apoyo electoral del 10,64%. Durante la campaña propuso expulsar a los musulmanes del país y celebrar un referéndum de salida de la Unión Europea: “queremos detener cualquier islamización de la República Checa. Presionamos por la tolerancia cero a la migración”.

KSCM (Partido Comunista de Bohemia y Moravia)

En 2013, KSCM fue el tercer partido más votado en las elecciones parlamentarias con un 15% de los votos, ganando 33 escaños. En las recientes elecciones, ha sido uno de los grandes perdedores, obteniendo un 7,8% de apoyo electoral y 15 escaños (18 menos que en las elecciones de 2013). A nivel europeo, forma parte del partido Izquierda Unitaria Europea – Izquierda Verde Nórdica.

CSSD (Partido Socialdemócrata checo)

El partido de los socialdemócratas checos, ha pasado de dirigir la coalición gobernante saliente a colocarse en la sexta posición en el parlamento, perdiendo 35 escaños (de 50 a 15 diputados). Se trata de la formación política más antigua de todo el elenco actual. El partido se ve reflejado en el Laborista británico y los socialdemócratas alemanes. Con este partido en el Gobierno, el país pasó a formar parte de la Unión Europea. Bajo el liderazgo de Lubomír Zaorálek, anterior ministro de Asuntos Exteriores, los socialdemócratas viraron hacia las tesis nacionalistas antieuropeas, en su empeño de arañar votos al ANO, lo que le costó un rechazo electoral sin precedentes que dilapidó el prestigio obtenido en la transición postcomunista checa.

KDU-CSL (Partido Democristiano)

Con 10 diputados (cuatro menos que en la anterior legislatura), los democrata-cristianos representan la ideología tradicionalista y conservadora, con un fuerte respaldo católico. Se ubica a sí mismo en la centroderecha, pero en muchos aspectos está más cerca de la socialdemocracia. En algunas cuestiones sociales, tales como la legalización de la convivencia de homosexuales, mantiene una postura conservadora en armonía con su tradición católica.

TOP 09 (Tradición, responsabilidad y prosperidad)

Ha conservado siete escaños de los 26 de la anterior legislatura. Es un partido de centro derecha, conservador, liberal y proeuropeo fundado en 2009. Tiene cuatro eurodiputados en el Partido Popular Europeo.

STAN (Alcaldes e Independientes)

Alcaldes e Independientes (en checo: Starostové a nezávislí) es un partido político creado en 2014 y centrado en el localismo y la promoción de poderes para los municipios. En la anterior legislatura, dentro de la lista TOP 09, obtuvieron cinco diputados y ahora como partido independiente han obtenido seis escaños y el 5,2% de los votos. Son liberal-conservadores y proeuropeos.

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