“El problema con el sistema de migración europeo es que no existe un sistema de migración europeo”

Peter Sutherland, representante especial de la Secretaría General de las Naciones Unidas para la Migración Internacional, desgrana las claves del fracaso de la políticas migratorias europeas.

En la capacidad de convicción de Peter Sutherland reside la única opción que la civilización occidental se ha dado a sí misma de enmendar lo que no ha sabido construir.

Hombre de leyes, irlandés católico, miembro de la Fiscalía General y del Consejo de Estado en los años 70 y comisario de distintas carteras en Bruselas a partir de los años 80, Sutherland fue nombrado director general de la Organización Mundial del Comercio en 1995.

El pasado 25 de abril cumplió 70 años y no está en edad de jubilarse. Muy al contrario, afronta una de las misiones más importantes de su carrera: representante especial de la Secretaría General de las Naciones Unidas para la Migración Internacional. Siendo un consejero de convicciones liberales en economía, sus palabras tienen una potente intención inequívoca: “no hay ninguna fuerza , ni el comercio ni el flujo de capital, que tenga el potencial de transformar vidas de manera sostenible y positiva a la escala a la que la migración puede hacerlo”.

El presidente Obama describió el sistema de Estados Unidos, durante el discurso del Estado de la Nación, como un régimen migratorio roto. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?

Creo que no hay prácticamente ningún país desarrollado que tenga el grado de seguridad necesario y que cumpla los derechos para tener un régimen de migración adecuado. Estados Unidos no es diferente y las disputas que ya se han presenciado en la carrera presidencial subrayan los desacuerdos, los cuales ya están presentes en toda la Unión Europea.

Así que… ¿No encuentra una gran diferencia entre el régimen de migración americano y el europeo? O el australiano…
En muchos aspectos, el régimen de Estados Unidos es, a pesar de cualquiera de sus deficiencias, más claro que el europeo y está mejor gestionado. El problema con el sistema de migración europeo es que no existe un sistema de migración europeo. Los Estados miembro de la Unión Europea han fracturado y discrepado sobre cómo iban a administrarlo. Para mí, es bastante obvio que la única solución, parcial porque todo el problema no puede ser destruido, es tener, en primer lugar, una política europea común, una política de frontera común y un mecanismo que se aplique por igual en toda la Unión Europea. Hay que tener en cuenta, además, el reparto de la responsabilidad y la base en la solidaridad, que es un principio fundamental de la Unión Europea.

Solemos hablar mucho sobre la crisis de refugiados. Como usted ha afirmado, los refugiados son la parte más pequeña de un movimiento migratorio mucho mayor, donde los migrantes y sus familias son la gran parte. Entiendo que el trabajo que están haciendo ustedes está relacionado con cualquier forma de desplazamiento de seres humanos, ya que la migración económica es también relevante. ¿Adónde piensa que la discusión sobre la crisis de refugiados y, de manera similar, la campaña de Estados Unidos, nos está llevando? ¿Hasta qué punto piensa que esto nos facilita o nos dificulta un acuerdo en migración económica?

Los derechos de los refugiados, los cuales están englobados en la Convención de 1951, son sagrados. No pueden ni deben ser interferidos en ningún caso y nosotros no deberíamos intentar redefinir nuestra responsabilidad. Hacerlo terminaría poniendo en riesgo el requisito de dar asilo a aquellos que lo necesiten. Sin ninguna duda, cualquier redefinición llevará a una mayor restricción. Pero, aparte de esos migrantes, están quienes no pueden simplemente ser deportados por el hecho de ser migrantes económicos. Acepto, y Naciones Unidas acepta, que no hay derecho al asilo a menos que seas un refugiado y, por lo tanto, es legítimo, según los Derechos Humanos, mandar a los migrantes económicos de vuelta. Considero que debemos desarrollar una política común europea que reconozca que, dentro de ese principio general de migración económica, hay diferentes categorías de migrantes. Hay algunos que deberían tener derecho a las visas humanitarias, hay algunos a los que debería permitirse tener visas temporales, debería haber obligación en cuanto a la reunión de las familias, etc. No se puede deportar simplemente a un migrante por ser un migrante económico.

¿Cree que la crisis de refugiados está acercándonos a un posible acuerdo sobre ello a una política de migración común en la UE? O, por el contrario, ¿nos está haciendo ir para atrás sobre muchos de los derechos que ya estaban consolidados?

Por el momento nos está haciendo ir para atrás. Siento decir que al proyecto europeo, en el que yo profundamente creo y el cual está basado en principios como la dignidad de los humanos y la igualdad, no le beneficia que un grupo de primeros ministros europeos hayan dicho, por ejemplo, que dar asilo a musulmanes no debería hacerse porque son musulmanes. Quiero decir, esto es como vivir en la época de las Cruzadas. El Choque de civilizaciones de Samuel Huntington se facilita con este tipo de declaraciones.

¿En qué medida cree que estamos al borde de un debate ético sobre el derecho a migrar, un derecho del siglo XXI? ¿En qué medida el derecho comunitario del Estado de decidir quién entra y bajo qué condiciones, choca con el derecho de los individuos de prosperar incluso cuando sucede fuera?

En cualquier debate sobre los derechos al desplazamiento de personas, la reivindicación de la soberanía nacional está en auge. En otras palabras, está ganando. La soberanía nacional está siendo impuesta de una forma que, bajo mi punto de vista, es contradictoria con la esencia de, por ejemplo, la solidaridad que debería haber dentro de la UE. Y esto está siendo impuesto sobre unas bases nacionales que están dañando todo el concepto de la igualdad de derechos entre los seres humanos.

Déjeme preguntarle sobre las alternativas políticas. Muchas personas consideran el doloroso proceso de creación institucional del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) y de la Organización Mundial del Comercio (OMC) como un precedente de lo que está pasando actualmente en relación a la migración económica. Están las nuevas asociaciones público-privadas como la GAVI (sobre salud global) que podrían ser inspiradoras en este asunto. ¿Cuáles cree que son las alternativas? ¿Dónde están las posibilidades? Porque no contamos con precedentes, no hay un buen acuerdo que pudiera ayudarnos en este tema.

Bueno, a mí me ofreció este trabajo Kofi Annan. Me dijo que lo hacía porque yo era, precisamente, director general de la OMC. Cuando fui director general del GATT, me fue muy difícil, como a otros muchos, confrontar los temas de soberanía nacional en el contexto de soluciones multilaterales. También fue difícil concluir la Ronda Uruguay [gran negociación comercial a escala mundial]. Aquello fue una parte del proceso de globalización, la gente es otra parte. Y eso es lo que Kofi Annan me vendió cuando me pidió que desempeñara ese puesto. No creo que sea imposible encontrar mecanismos institucionales en un sistema multilateral que se basa en el logro de la cooperación entre personas en temas humanos vitales. No creo que sea imposible porque cualquiera con medio cerebro reconocería que no hay soluciones a menos que sea a través de la cooperación. Las instituciones son vitales para encontrar soluciones. Para ello fue creada la Unión Europea. Creo firmemente en que el ímpetu que tenemos ahora organizando conferencias sobre el tema de los refugiados de Siria es la mejor manera de proceder. Mejor que permitir a todo el mundo esconderse tras las fronteras y en defensa de la soberanía nacional.

¿Qué espera del informe que usted presentará al final de este año y de la cumbre que tendrá lugar el 19 de septiembre? ¿Qué es lo que podríamos esperar de este evento y de los líderes que se reunirán allí?

El tema vital es el pacto, la reunión del 19 de septiembre. Lo que salga de ello será el precursor de cualquier análisis y de las aportaciones prácticas que pueda incorporar a mi informe. Pero la clave es lo que ocurra el 19 de septiembre y el informe posterior. Esperamos que, al menos, marque el debate sobre la migración en el futuro y los principios que deberían aplicarse durante el debate.

¿Cree que formará parte del legado del presidente Obama?, ¿que él será capaz de marcar la diferencia antes de que acabe su mandato?

Espero que esto sea parte del legado de Ban Ki-moon, quien también acabará su mandato este año. Espero que estas sean las mejores Naciones Unidas que haya habido nunca. Tengo la esperanza de que contribuirá a inspirar un legado para Obama y que los dos legados confluyan de una manera constructiva.

Esta entrevista ha sido realizada por Gonzalo Fanjul en la oficina del ODI en Londres.
Traducción y edición: Natalia Diez.