Los jóvenes que no quieren vivir en Túnez

En la era de la postrevolución democrática, la juventud no encuentra trabajo en la República tunecina pero tampoco un futuro en Europa por la vía legal.

Sabah, la primera llamada a la oración, marca el inicio de un nuevo día en la capital tunecina y, con ella, la vida en esta ciudad magrebí comienza a despertar hasta llegar al frenético ritmo habitual. Es un día cualquiera, también para Seif Chrif, un tunecino de 28 años que se decide a compartir su historia y planes de futuro. Tras los tres atentados yihadistas que han sacudido su país en 2015 —Museo del Bardo, Susa y el autobús de la Guardia Presidencial— y pasados cinco años de la Revolución, Seif está dispuesto a abandonar sus raíces, sumándose así a la oleada migratoria del Mediterráneo.

“No hay quien entienda la situación actual en Túnez. A pesar de que parece tranquila, la economía y la seguridad del país se tambalean y yo no quiero vivir aquí. Por eso, estoy encantado de poder irme este verano a estudiar un máster a París, donde espero quedarme una temporada. Allí también está mi hermana con su marido. Aunque tengo un buen trabajo y dos posgrados, me viene bien completar mis estudios y, como tengo buenas notas de la carrera y dinero, puedo hacerlo. Si no, sería casi imposible viajar a Francia y a casi cualquier país. Todos los jóvenes tunecinos decimos que Túnez está bien de vacaciones y no para vivir, pero no todos tenemos la misma suerte”, explica Seif, trabajador del departamento financiero del Ministerio de Comercio de Túnez.

Seif Chrif, perteneciente a una familia musulmana de clase media, es consciente de que no todos los tunecinos tienen su perfil, con una formación y posición laboral que le permiten migrar, aunque sea de forma temporal, a él y a sus dos hermanas. Aunque según el Instituto Nacional de Estadística tunecino (INS) la tasa de desempleo no sube del 15,4 por ciento —España tiene un 21 por ciento— la realidad es que el paro se ceba especialmente entre la juventud, y no es un fenómeno reciente. El 37,6 por ciento de la población activa de entre 15 y 24 años no tienen empleo, según datos de la agencia estadounidense CIA en julio de 2015. El 41,8 por ciento de las jóvenes están desempleadas. Teniendo en cuenta todas las edades de la población activa, en el empleo registrado en la República Tunecina hay una mujer por cada tres hombres.

El fenómeno de la desocupación juvenil viene de lejos y forma parte de los detonantes de la llamada Revolución de los Jazmines a finales de 2010. En 2011, según el INS, la tasa de desempleo para la población entre 25 y 29 años era de 34,5, elevándose a 41,8 para los de 20 a 24. En ese mismo año, los parados entre 45 y 49 eran solo un 2.8 por ciento. Una foto con mayor perspectiva demuestra la cantidad de empleo destruido: el paro se ha incrementado desde 2006 a 2015 en un 421,43 por ciento. A finales del año pasado ha comenzado una suave recuperación del trabajo, pero a unos niveles muy lejanos a los que se vivían antes de 2011.

Seif es licenciado en Ciencias Económicas, un grado que, según el INS, tiene el 39,4 por ciento de los parados (datos del cuarto trimestre de 2015). Curiosamente, hay más paro en Túnez entre los licenciados en ciencias exactas (75,5 por ciento) que entre los especializados en humanidades (39 por ciento).

Los que apuestan por emigrar de forma irregular, lo hacen porque la vía legal está plagada de requisitos y el viaje supone un alto coste. “Muchos se van como pueden, huyendo de un país en el que los policías se creen los jefes y buscan volver a la era del dictador Ben Ali. Para salir de forma legal de Túnez hacia Europa es necesario tener un buen currículum, trayectoria profesional, trabajo y mucho dinero. Las normas las pone el país receptor. Para salir de forma ilegal, además de dinero, hay que ser capaz de enfrentarse a un viaje en bote desde Libia, que puede resultar mortal”, explica Seif sobre el proceso migratorio al que se suman miles cada año.

18.715 personas originarias de Túnez solicitaron asilo en la Unión Europea desde 2008 hasta abril de 2016. Los Estados rechazaron el 14 por ciento de ellas: más de 2.600 personas. Como Seif Chrif, quieren ir a Francia, a Alemania o a Suecia, pero no a España. Apenas cinco peticiones de asilo anuales durante varios años, hasta las 15 de 2015, le constan al Estado español. Una mínima rayita roja en el gráfico.

Pero Alemania, que venía aceptando prácticamente todas las peticiones de asilo, ha rechazado 250 en lo que llevamos de año. Según Eurostat, a nivel mundial y a la fecha de la realización de este artículo, 123.960 solicitudes de asilo de ciudadanos tunecinos están pendientes por resolver. 99.955 en la Unión Europea. El incremento de las solicitudes pendientes es alarmante: un 33,7 por ciento de 2014 a 2015. Personas en tránsito. En un limbo.

Democracia adolescente

A pesar de ser el primer país en conseguir réditos de la Primavera Árabe, con el Gobierno democrático del partido laico Nidá Tunis, Túnez continúa envuelto en gran cantidad de problemas socioeconómicos, que ha provocado que 25.000 jóvenes hayan abandonado el país desde que se desató la Revolución, y que unos 6.000 se hayan unido a grupos terroristas en Siria o Iraq, según el Foro Tunecino por los Derechos Sociales y Económicos (FTDES).

Estas cifras son observadas desde Europa con miedo, resignación o medidas drásticas, a pesar de que, como explica Seif, “quien huye de su país, dejando atrás a sus seres queridos y arriesgándolo todo, es por conseguir un futuro mejor y trabajar duro para poder regresar o mejorar también la situación de sus familiares, algo que no debería poner nervioso a nadie”.

“Yo antes era más optimista y pensaba que Túnez solo necesitaba un poco más de tiempo para estabilizar su joven democracia, pero sigo viendo como el paro continúa alto, igual que los precios, mientras que los salarios son muy bajos. Por otro lado, mucha gente está explorando nuevos derechos, como el religioso. El régimen de Ben Alí exterminaba cualquier actividad religiosa fuera del control gubernamental y ahora toda esa gente se siente más libre y encuentra algunos imames con interpretaciones tan estrictas que han provocado muchos conflictos dentro de la sociedad y también que muchos jóvenes sean más fácilmente captados por grupos terroristas. Mientras, la policía oprime como si nada hubiese cambiado desde la Revolución y nos hemos convertido en blanco de tres atentados terribles. Por todo eso y por la inestabilidad económica, nos queremos ir”, dice Seif.

“La gente se siente más libre y encuentra algunos imames con interpretaciones tan estrictas que han provocado muchos conflictos dentro de la sociedad”

Esta sensación de incertidumbre, e incluso temor, sumado a la desesperanza e impaciencia, aviva un proceso migratorio que se ha convertido en la tragedia del Mediterráneo, pues los que no pueden viajar en avión arriesgan la vida en sus aguas.

Por otro lado, esta situación, cuando es entendida como una amenaza, impide a los países receptores recibir beneficios de la migración como el enriquecimiento cultural o el incremento de ingresos por impuestos. Se trata de ofrecer “la respuesta adecuada”, que pasa por “el cumplimiento de la ley (Derechos Humanos, Derechos del Niño, etc.), el respeto de los valores que defiende la propia Unión Europea o la reconsideración del modelo actual”, según explica Gonzalo Fanjul, investigador y activista contra la pobreza y codirector de la Fundación porCausa.

“Además, debería tenerse en cuenta diferentes opciones para la integración, como regular el acceso por medio de iniciativas propias de la cooperación, políticas de acogida y la creación de vínculos para el desarrollo”, sugirió Fanjul en un encuentro sobre fronteras y migración, el pasado mes de abril, en Madrid.

Yihadismo, la otra salida

Los jóvenes sin recursos son fácilmente captados por grupos yihadistas, presentes en algunas zonas del país, que les prometen un futuro, un reconocimiento social y una motivación, algo que, según Seif, “solo se puede frenar con la educación”.

Esa desmotivación late en 170 por ciento de aumento en los casos de suicidio e intento de suicidio registrados en Túnez según el mencionado FTDES entre 2014 y 2015. De los 549 documentados por esta institución, más de la mitad corresponden a la franja de edad de 16 a 35 años. Recordemos que fue precisamente un atentado contra la propia vida lo que hizo Mohamed Bouazizi, de 26 años, cuando se prendió fuego el 17 de diciembre de 2010, provocando con su acto la chispa necesaria para encender la Revolución tunecina.

“Es muy importante que desde niños [los tunecinos] estén alertados [contra el yihadismo] y que entiendan las enseñanzas de nuestro profeta y nuestros filósofos. Es terrible sentir que no vivimos a salvo en libertad porque en nuestro país haya gente que piensa cien por cien diferente a nosotros, definiéndose como buenos musulmanes. Provocan que nos queramos ir y que los turistas no quieran venir”, finaliza Seif, haciendo hincapié en el descenso del turismo, un sector que supone el 15 por ciento del PIB tunecino.

Con todo ello, parece que para que la estabilidad se asiente en este pequeño país del norte de África, frenando el desastre en aguas del Mediterráneo, son necesarias muchas medidas que mejoren los factores que todavía preocupan a una población que, orgullosa de haber convertido a Túnez en una democracia, espera que la situación mejore poco a poco, o shuaia-shuaia, en dialecto tunecino.

Este artículo se ha completado con la información aportada por Pilar Nicolás, de la Unidad de Datos de porCausa.

Marta de la Fuente ha podido escribir este artículo gracias a una relación de amistad con Seif Chrif que le ha permitido realizar una entrevista personal en Túnez y otras posteriores por vía digital.