La juventud robada

A sus 23 años, Yuly lleva a los pequeños David y Carlos al cole, al médico, a casa, al parque. No es una madre joven: es la hermana mayor.

Desde las ocho de la mañana, Yuly Jara se levanta con el pensamiento puesto en David y Carlos, de cuatro y seis años. Despertarles, darles el desayuno, vestirles, peinarles y llevarles al colegio es la rutina que sigue cada día desde hace unos meses. Pero su historia no es la de una madre joven, ni la de una abuela que cuida de sus nietos, sino la de una hermana mayor a quien las condiciones económicas que atraviesa su familia han obligado a hacerse cargo de unos cuidados responsables.

En su casa, en el barrio madrileño de Ascao, desde hace unos meses ha quedado instaurada la premisa del ‘si nosotros no podemos, lo tienes que hacer tú’. Los trabajos de su padre, delineante, y de su madre, cuidadora de ancianos, demandan un tiempo incompatible con la atención a los pequeños. Yuly, de 23 años, concilia esa dedicación con un trabajo temporal en una cadena de restaurantes los fines de semana y un voluntariado en la Fundación porCausa, donde trabaja como periodista. Su tiempo libre no lo dedica al ocio ni al descanso sino a su formación y su trabajo fuera de casa.

A la salida del colegio, Yuly habla con las profesoras de los niños y comprueba sus deberes.
A la salida del colegio, Yuly habla con las profesoras de los niños y comprueba sus deberes. Foto / N. D.

Después de que tanto su madre como su padre pasaran por un largo periodo en el paro, la familia busca ahora una estabilidad financiera. Las largas jornadas de trabajo de los padres han llevado a Yuly a asumir el rol de ama de casa.

Además de los viajes de ida y vuelta del colegio, Yuly se ocupa de vestir a sus hermanos, de ducharles y atenderles. En muchas ocasiones, compagina estas tareas con la limpieza. “Entre semana, limpio yo, cuando no hay nadie en casa. Lavo los platos y recojo todo lo que está por ahí tirado”. Una tarea que comparte con su madre, quien al llegar por la noche, continúa la limpieza donde Yuly la dejó. Las tareas asignadas al padre son las de jugar con los niños o darles de cenar. “El fin de semana, por la mañana los sábados les baja al parque y entonces a mí ya me queda lo que es barrer, fregar, poner lavadoras”, explica la madre de los niños. Yuly tiene esta organización asumida.

“Se han acostumbrado a tenerme ahí desde que nació mi primer hermano pero luego se convirtió en una obligación”

Durante el horario escolar, Yuly puede dedicarse a trabajar en la oficina dos días por semana, o desde casa, escribiendo artículos y llevando las redes sociales de la Fundación. Cuando el trabajo se desborda más allá de las cuatro de la tarde, pide ayuda a Alberto, su pareja. “He estado liada estos días con un reportaje. Él me ayuda quedándose con ellos, si no no habría podido escribir”, dice.

Para ella, él supone un fuerte apoyo en el cuidado de sus hermanos, una tarea que a menudo desempeñan juntos. Vistos desde la lejanía, parecen una familia joven: “Yo cuando empecé con él le dije: ahora mismo estar conmigo es estar con mis hermanos”. Alberto, a sus 24 años, ha pasado a formar parte de la organización familiar: “cuando los niños no tienen colegio tenemos la opción de que Yuly se quede con ellos, si no, Alberto”, dice el padre, “si no queda otra me pido el día para cuidar de los chavales”.

Por las mañanas Yuly prepara a los niños para ir al colegio.
Por las mañanas Yuly prepara a los niños para ir al colegio. Foto / N. D.

Si alguien tiene que ausentarse de su trabajo, la primera opción es siempre Yuly. “Se han acostumbrado a tenerme ahí desde que nació el primero de mis hermanos y siempre les estuve ayudando, pero luego se convirtió en una obligación”, dice.

“La ayuda de la red familiar es para las madres trabajadoras españolas el recurso principal con el que cuentan”, explica la socióloga Constanza Tobío, autora del libro “Madres que trabajan: dilemas y estrategias”. Según Tobío, sucede así en dos de cada tres casos. Aunque la situación de la mujer ha avanzado mucho en las últimas décadas, argumenta la catedrática, sigue siendo ella la que carga con la mayor parte del trabajo doméstico. A Yuly le ocupa la mayor parte de su día a día: “siempre he tenido que ayudar a mi madre, pero ahora desde que empezó a trabajar por las mañanas, estoy al cien por cien por las mañanas y por las tardes”.

“En una familia está el tema de deberías de ayudar, deberías estar con tus hermanos —dice Yuly—, yo quisiera tener tiempo para hacer reportajes o irme a una exposición, pero me siento mal si veo que mi madre paga a alguien pudiendo no pagar a nadie. Pero entonces no voy a ningún sitio”.

Foto / NATALIA DIEZ
Alberto y Yuly llevan a los niños al colegio. Foto / N. D.

“Con frecuencia la actitud ante los niños de las madres que trabajan está medida por la culpa, que aparece muy repetidamente en el discurso”, explica Constanza Tobío sobre la delegación de los cuidados. En este caso, el pesar se ve incrementado por la economía familiar y afecta directamente a sus posibilidades de mejora laboral. “Busco trabajo por internet, así que no es que me impida buscar trabajo pero lo que sí me desmotiva es que si veo que no voy a lo ganar suficiente, a mis padres no les compensa“.

“De vez en cuando hay que esforzarse por los demás, y más por tu familia, y más por tus hermanos”, afirma su padre, “yo sé que Yuly tiene muchas ideas, mucha ilusión, yo no se las quiero quitar pero le estamos pidiendo echar una mano, nada más”.

Crearse un futuro e independizarse son aspiraciones que han pasado a un segundo plano. En principio, esta es una situación temporal, pero nadie se arriesga a prometerlo. Hay uniones familiares que convierten en presos a los parientes cuando se pasa de lo temporal a lo permanente. Algo que puede no ser deseado por quien da ni por quien recibe la ayuda pero, en muchos casos, inevitable.

Tanto la protagonista como la autora de este reportaje son compañeras en la Fundación porCausa.

Decidimos realizar este reportaje, a pesar de la implicación del personaje protagonista con la periodista y la organización, porque creemos que, a veces, no hay que irse muy lejos para encontrar las historias que merecen ser contadas.