Cualquier análisis comparado sobre el discurso antinmigración tiene que incluir a la Hungría de Viktor Orbán. En el caso de este país, como en el resto de sus vecinos, su historia reciente está plagada de guerras, conflictos, y cambios de fronteras, que han abonado un nacionalismo con orígenes en el siglo XIX pero multiplicado desde la crisis económica del año 2000, creciendo su apoyo popular y viendo nacer movimientos como el Jobbik o más recientemente la deriva ultranacionalista del Fidesz en el Gobierno.

Hoy en día, alrededor del 25% de la población magiar vive fuera de las fronteras húngaras, lo que supone también un motivo de fricción con sus vecinos y un impulsor del discurso nacionalista.

Hungría fue una potencia europea, como parte del Imperio Austrohúngaro, hasta el final de la Primera Guerra Mundial, cuando la derrota le llevó —por el Tratado de Trianon en 1920— a la pérdida de más de dos tercios de su territorio y al desplazamiento de 3,3 millones de húngaros que quedaron fuera de sus fronteras. En la Segunda Guerra Mundial luchó en el bando del Eje, y entre 1947 y 1989 estuvo regida por un gobierno comunista. Tras la Revolución de 1956 y la apertura de su frontera con Austria en 1989, logró acceder a la democracia en ese mismo año, en el que se convirtió en una democracia constitucional parlamentaria.

En septiembre de 2006, miles de húngaros -alentados por el Fidesz (o Alianza de Jóvenes Demócratas, entonces partido conservador en la oposición y hoy gobernante y claramente populista y nacionalista)- salieron a las calles con banderas del antiguo Reino de Hungría (simbología propia de la extrema derecha) para manifestarse contra el Primer Ministro Ferenc Gyurcsány (del Partido Socialista), quien admitió haber mentido durante su campaña electoral sobre la situación económica del país. Tras varias jornadas violentas y una moción de autocensura constructiva en marzo de 2009, Gyurcsány fue reemplazado en el cargo por Gordon Bajnai, hasta que se convocaron elecciones en 2010. En estos comicios ganó el Fidesz con una mayoría aplastante (227 de los 386 escaños). En 2014, renovó mayoría de gobierno (con 117 de los 199 escaños).

El Primer Ministro desde mayo de 2010, Viktor Orbán, apodado Viktator por la oposición, está presente en la vida pública y mediática de manera constante por su deriva autoritaria y antidemocrática desde que llegó al poder. A modo de ejemplos: su reforma constitucional exprés para flexibilizar los requisitos de los estados de excepción, su reforma de la judicatura limitando su independencia, su ley de medios de comunicación denunciada internacionalmente por ser una amenaza contra la libertad de expresión, la reintroducción del debate sobre la pena capital, sus ataques a la oposición, su ley contra las oenegés financiadas con capital extranjero o su campaña contra Soros y el posible cierre de la Universidad Centroeuropea.

En Hungría (y Polonia) el problema no es solo el daño al Estado de derecho por parte de sus gobiernos, sino también el desafío abierto a las decisiones jurídicamente vinculantes. Ambos gobiernos se niegan a aceptar a solicitantes de asilo de Grecia o Italia bajo el plan de reubicación adoptado en 2015. El riesgo de contagio de estas actitudes en la Unión Europea es alto en un contexto como el actual, y Orbán, ya en periodo preelectoral, con elecciones parlamentarias en 2018, utilizará la presión para elevar su discurso eurófobo y su retórica antinmigración en conexión con su actitud ultranacionalista; acercándose sin pudor al partido Jobbik, tercera fuerza parlamentaria y de ideología filofascista.

Orbán identifica a los extranjeros como una amenaza y muestra su hostilidad hacia los inmigrantes sin complejos; los convierte en terroristas, ladrones y amenaza para la identidad magiar (todo ello a pesar de que Hungría tenía en 2015 tan solo un 4,57% de la población inmigrante, de los cuales la mayoría son rumanos 46,48%, serbios 8,80% y ucranios 7,81%).

Hungría es una república parlamentaria democrática y se la considera un país desarrollado, miembro de la Unión Europea (desde 2004), de la OTAN (1999), de la OCDE, del Grupo de Visegrado y del Acuerdo de Schengen (pero no está en la Zona Euro). A pesar de que Hungría fue de los alumnos aventajados en la transición democrática después de la caída del bloque soviético, los años de Orbán han dinamitado este prestigio y le han convertido en el peor ejemplo de la Unión Europea junto a Polonia.

En el Informe de Amnistía Internacional 2016/2017 se denunciaba la enmienda a la Constitución que permitía al Gobierno declarar el estado de excepción en circunstancias de amplia e imprecisa definición y con escasa supervisión democrática. Además, se advertía sobre la continuidad de la discriminación y los crímenes de odio contra la comunidad romaní. En cuanto a los refugiados e inmigrantes, Hungría persiste en la represión sistemática de sus derechos a pesar de las crecientes críticas internacionales.

Human Rights Watch también pone de manifiesto que el cierre de fronteras en la ruta de los Balcanes Occidentales en febrero de 2016, las medidas cada vez más restrictivas en la frontera entre Hungría y Serbia, la persecución penal y la devolución (frecuentemente violenta) de quienes cruzan la frontera de manera irregular han provocado la reducción de solicitudes de asilo. Entre las muchas violaciones de derechos, el informe de 2016 de esta organización subraya la persecución y discriminación sistemática de la minoría romaní (que hasta el año pasado sufría segregación escolar y que hoy está sometida a discriminación en materia de vivienda y asuntos sociales), En febrero de 2016, el Gobierno anunció un referéndum nacional sobre el plan de reubicación de la UE, y en julio se lanzó una campaña contra los inmigrantes patrocinada por el Gobierno y, por tanto, financiada por los contribuyentes.

Orbán también apeló al racismo ante la Cámara de Comercio a propósito de la escasez de mano de obra en Hungría al declarar que “la “homogeneidad étnica” era vital para el éxito económico del país, a lo que añadió que mejorar la competitividad no era la única manera de reforzar el crecimiento económico y “aumentar el valor” de la “patria”.

El Parlamento Europeo adoptó una resolución el 17 de mayo de 2017 sobre la situación en Hungría, en la que advierte de un riesgo claro de violación grave de los valores contemplados en el Artículo 2 del Tratado de la Unión Europea y justifica la puesta en marcha del procedimiento contemplado en el Artículo 7.1 del TUE (que prevé la intervención de la UE y la posibilidad de imponer sanciones en el caso de que haya una violación grave por parte de un Estado miembro de los valores del artículo 2.1).

En el verano de 2017 Orbán pidió a la UE 400 millones de euros para financiar “la mitad” de los gastos derivados de su polémica política fronteriza, incluida la alambrada construida en la frontera con Serbia en 2015, en plena crisis humanitaria de refugiados. Alentado por la política de Trump, según Orbán, “Hungría está protegiendo a todos los ciudadanos de Europa de la inundación de inmigrantes ilegales”. La Comisión ya ha respondido declarando que apoyan las medidas de gestión fronteriza en las fronteras exteriores, en forma de medidas de vigilancia y en equipos de control fronterizo pero no mediante vallas o alambradas.

El 6 de septiembre de 2017, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea rechazó el recurso de Hungría y Eslovaquia contra la política de reasentamiento de la UE para los solicitantes de asilo, respaldando la legalidad del derecho de la UE a obligar a los países miembros a acoger a refugiados. Hungría ha rechazado esta decisión mientras que Eslovaquia la respetará. Este varapalo judicial a Orbán se suma al proceso iniciado por la Comisión Europea en junio de 2017 por infracción contra Hungría y Polonia, por no haber acogido a ningún refugiado hasta el momento.

El 7 de diciembre de 2017, la Comisión europea aumentó la presión contra la deriva iliberal de Hungría, al demandarlos ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJCE). Lo hizo por el incumplimiento de las cuotas de inmigrantes establecidas en 2015, por la ley que culpabiliza y obliga a las oenegé que reciban financiación exterior a exponer en todas sus publicaciones “financiadas con fondos extranjeros”, así como contra las enmiendas a su ley de Educación Superior que apunta a la Universidad Central Europea fundada por George Soros, enemigo público de Viktor Orbán.

Hungría celebrará elecciones generales en la abril de 2018.

Partidos políticos y su posición respecto a la inmigración

El parlamento húngaro (unicameral) se renueva cada cuatro años para elegir sus 199 diputados. El sistema electoral húngaro, reformado por Orbán para favorecer a los partidos mayoritarios, y en particular al suyo, refuerza las posibilidades de crear un gobierno de mayoría estable. Además, por sus características, estimula a los partidos a agruparse en coaliciones para la segunda ronda. El presidente de la República, por su parte, es elegido cada cinco años por el parlamento y tiene un papel representativo (desde 2012 es János Áder).

Las elecciones legislativas de 2014 renovaron la confianza del electorado en los conservadores del Fidesz, con algo menos de contundencia que las del 2010 pero con una mayoría holgada para formar gobierno (la coalición gobernante está formada por el partido mayoritario de Viktor Orbán, el Fidesz, y su socio minoritario, el Partido Popular Demócrata Cristiano; juntos obtuvieron 133 de los 199 escaños). Aunque debido al sistema electoral los partidos se coaligan para obtener representación, a continuación vamos a analizar los partidos individualmente, así como su posición respecto a la inmigración.

Con vistas a las elecciones que se celebrarán en abril de 2018, según una encuesta de Publicus Institution de finales de agosto de 2017, el apoyo a Fidesz disminuyó un punto porcentual (situándose en el 24% de intención de voto), mientras que Jobbik y los socialistas del MSZP se han estancado desde julio. El 10% de la población apoyará a la derecha radical del Jobbik. En cuanto a líderes políticos, Orbán sigue siendo el más popular (39%) seguido del candidato del MSZP, actual alcalde de Szeged, László Botka (36%). El presidente de Jobbik, Gábor Vona, obtendría el 32%, y el presidente de la Coalición Democrática (DK), el ex primer ministro Ferenc Gyurcsány, un 17%. Los indecisos siguen siendo el segundo grupo más grande del electorado después de los votantes de Fidesz, según la encuesta de Nézőpont.

Coalición Fidesz: Fidesz (Unión Cívica Húngara)

El partido Fidesz se creó en 1988 como organización juvenil libertaria, demócrata y anticomunista que actuó desde la clandestinidad y que luego participó activamente en el nuevo régimen democrático. En los años 90, tras varias derrotas electorales, optó por dar un giro conservador que supuso una escisión en el partido. El 1998, ganó las elecciones y Viktor Orbán se convirtió en Primer Ministro. Tras gobiernos socialistas entre 2002 y 2010, ese año el Fidesz ganó por una mayoría absoluta histórica (coaligado con el Partido Popular Demócrata Cristiano) que le permitió maniobrar sin problemas para reformar la Constitución y la Ley Electoral a su favor. En 2014, en la misma coalición, renovó victoria pero no tan abrumadora, manteniendo el dominio del parlamento sin problemas (144 de los 199 escaños).

Ideológicamente, el Fidesz es hoy un partido conservador, ultranacionalista, crecientemente eurófobo, que apoya el intervencionismo económico y se autodefine como socialdemócrata en asuntos sociales.

Según el periodista y activista Balázs Nagy Navarro, los conceptos de izquierda y derecha perdieron sentido con Orbán. Según él, “podría pasar por un comunista por sus políticas contra los bancos y las multinacionales y por su acercamiento con Rusia, impensable para la derecha húngara hasta hace poco. Para Orbán son maniobras sin fondo ideológico para mantenerse en el poder”. Los medios jugaron un papel determinante en la campaña, ya que el 80% o 90% de la información estaba controlada por el gobierno. Según explica Nagy, el actual Gobierno de Orbán “no necesita tener una mayoría de dos terceras partes. Los dos primeros años de su anterior administración realizó las grandes reformas constitucionales y colocó a su gente al frente de instituciones… Su poder está garantizado casi hasta 2020”.

Orbán comenzó su vida política en Fidesz como joven político anticomunista, con 50 años se convirtió en el Primer Ministro europeo más joven de su época, metió a Hungría en la OTAN, y comenzó sus reivindicaciones respecto a las minorías húngaras en el exterior. En el 2001, el Fidesz abandona la Internacional Liberal para ingresar en el Partido Popular Europeo y empieza a dar virajes en su posiciones que le condenan a la oposición durante ocho años. Hoy en día su mayor aliado es Putin y uno de sus modelos es Berlusconi (en cuanto al control de los medios). Según el Center for American Progress, “Orbán se aseguró de que el sistema electoral fuese a favor de la Fidesz. Rediseñó los distritos electorales para crear un entorno político favorable y aprobó leyes que permiten a las minorías húngaras de otros países conseguir pasaportes húngaros y votar en las elecciones de Hungría, lo que ayudó a ganar apoyo para el Fidesz en las elecciones de 2014”.

Orbán se ha especializado últimamente en el discurso antinmigrante e islamófobo para desviar la atención de las acusaciones de corrupción, sus ataques a las libertades públicas y su deriva autoritaria. La lista de declaraciones antinmigración es extensa y ha llegado a agitar el fantasma de “Eurabia”, declarando recientemente que “los países que experimentan con Eurabia, con la unión de los restos de las culturas musulmanas y cristianas, tendrán que aceptar que los húngaros no quieren ser parte de este ‘experimento'”.

El Fidesz y Orbán, al frente del Gobierno, defienden y practican una política de inmigración y asilo muy restrictiva (Hungría rechazó el 91,54% de las solicitudes de asilo presentadas, expulsó de manera sumaria a Serbia a los migrantes que entraban en su territorio, muchas veces con maltrato y crueldad sin ni siquiera examinar sus solicitudes, incumplió sus obligaciones de reubicación de solicitantes de asilo, etc). También se oponen al sistema de reparto de refugiados por cuotas decidido por el Consejo Europeo, y encabezan la oposición del Grupo de Visegrado (junto a Polonia, República Checa y Eslovaquia) en su desafío a la UE, apelando a su soberanía nacional para rechazar el contingente asignado. Hungría levantó además, en 2015, 175 kilómetros de alambre y concertinas en su frontera con Serbia y Croacia para detener el flujo de personas que llegaban a Europa a través de la ruta de los Balcanes.

En su estrategia conspiranoica en la que el “extranjero” (lease Unión Europea, George Soros o los inmigrantes) es un enemigo de la nación húngara, Orbán sigue agitando a la sociedad con campañas pagadas por fondos públicos de odio y propaganda xenófoba, de lo cual viene alertando Human Rights Watch. A finales de septiembre de 2017, se lanzó una consulta pública sobre el llamado Plan Soros, cuyo cuestionario identifica a la UE con el propio Soros en una supuesta campaña contra Hungría y su soberanía.

Coalición Fidesz: Partido Popular Demócrata-Cristiano (KDNP)

Aunque oficialmente es el socio de coalición del Fidesz, es en realidad un satélite del mismo, ya que en solitario nunca logró el 5% del umbral electoral exigido para obtener un escaño. El KDNP es un partido cristiano conservador de derecha, con posiciones claras contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, contra el aborto y contra los inmigrantes.

Coalición Unidad: Partido Socialista Húngaro (MSZP)

La Coalición Unidad concurrió a las elecciones parlamentarias de 2014 con los siguientes partidos: Partido Socialista Húngaro (MSZP), Coalición Democrática (DK), Juntos 2014, Diálogo por Hungría y el Partido Liberal Húngaro.

Fundado en 1989, el MSZP es considerado el sucesor del partido comunista prosoviético Partido Socialista Obrero Húngaro, aunque posteriormente evolucionó hacia la socialdemocracia.

Entre 2002 y 2010 gobernó en coalición con la Alianza de los Demócratas Libres, pero fue derrotado en las elecciones de 2010 por la Coalición Fidesz tras las manifestaciones populares contra el Primer Ministro Gyurcsány por haber mentido sobre la situación económica del país. Hoy es el primer partido de la oposición. En las elecciones de 2014 se presentó en coalición con otros cuatro partidos formando la Unidad y sufrieron una aplastante derrota de nuevo frente a Orbán. La coalición se disolvió tras los pésimos resultados en las elecciones de 2014, toda su ejecutiva dimitió y se renovó.

Ideológicamente, el MSZP rechaza el ultranacionalismo, es proeuropeo y rechaza el acercamiento de Orbán a la Rusia de Putin.

Según el periodista Balázs Nagy Navarro, la izquierda húngara está tan fragmentada que lo único que les une es su rechazo a Orbán. El líder socialista, Attila Mesterházy, que encabezaba la coalición, era demasiado inexperto para enfrentarse al carismático Orbán, y el bloque de izquierdas no dio una imagen seria de posible gobierno.

Coalición Democrática (DK)

Se creó por el ex primer ministro Ferenc Gyurcsány, como una facción del MSZP (partidario de la Tercera Vía) que luego se escindió como partido independiente en 2011. Tiene cuatro diputados en el Parlamento y dos eurodiputados. Hace gala de una ideología socio-liberal y proeuropea.

El portavoz del partido, Zsolt Gréczy, acusó al Fidesz de inventar una supuesta agitación callejera por parte de la oposición, fomentando los rumores de un “falso intento de golpe” por miedo a no retener el poder en las elecciones del próximo año

La campaña del DK se centrará en el sistema sanitario, la educación, la migración de los húngaros, la lucha contra la pobreza, la familia, la rendición de cuentas por la corrupción de los gobiernos de Orbán y el restablecimiento del Estado de derecho.

En temas migratorios, el DK se opuso a la valla fronteriza que levantó Orbán en 2015 pero no es un tema prioritario en el programa electoral para 2018. Como ocurre en otros países analizados, los partido tradicionales de izquierda tan solo se manifiestan respecto a la inmigración cuando algún hecho de importancia mediática lo exige, mientras los populismos lo convierten en eje de campaña para distraer la atención sobre otros problemas.

Juntos por una Nueva Era

Antes Együtt 2014 (Juntos 2014), fue creado en 2012 para participar en los comicios del 2014 por el ex primer ministro Gordon Bajnai. Se fundó como una coalición de movimientos políticos izquierdistas, liberales y organizaciones civiles, que se transformó en partido en marzo de 2013. El actual líder del partido es Viktor Szigetvári. Juntos consiguió el 6,4% de los votos y dos escaños pero no tiene representación en el europarlamento. Se consideran socialdemócratas, socioliberales y proeuropeos.

Diálogo para Hungría (PM)

Diálogo para Hungría es un partido político liberal verde creado en 2013 por ocho diputados disidentes del partido LMP. Obtuvo cuatro escaños en el parlamento y un eurodiputado.

Desde 2016 solo concurre con el nombre Diálogo. Su programa para 2018 incluye la introducción de un ingreso básico y un salario mínimo, propone una revisión del sistema tributario a un modelo redistributivo, introducción de impuestos verdes que alientan a las empresas a minimizar el daño ambiental que causan, e incluso un “impuesto oligárquico”.

Han propuesto declarar el 23 de febrero un día de recuerdo para las víctimas de ataques racistas, en conmemoración de los ataques racistas contra los romaníes en Tatárszentgyörgy, en los que murieron seis personas en 2009.

Se manifestaron contra la valla fronteriza y acusaron a Orbán de ir contra la Convención de Ginebra.

Partido Liberal Húngaro

Obtuvo un solo diputado en 2014. El partido fue creado en 2013 y está liderado por un antiguo europarlamentario, Gábor Fodor, que presidió la Alianza de Liberales y Demócratas Europeos (ALDE)

Son activos en la defensa del colectivo LGTBI, la denuncia del antisemitismo, racismo y xenofobia. Pidieron el cierre del campo de inmigrantes de Körmend, en el oeste de Hungría, durante el invierno, y demandaron condiciones más humanas para sus residentes, así como la reapertura del centro de recepción de migrantes en Bicske, cerca de Budapest, con mejor infraestructura que la mayoría de las instituciones similares en Hungría. Pidieron explicaciones sobre las razones para rechazar las ofertas de organizaciones civiles que propusieron alojar a los refugiados durante el invierno.

Movimiento por una Hungría Mejor (Jobbik)

El Movimiento por una Hungría Mejor (Jobbik) es un partido político nacionalista y ultraderechista fundado en 2003. Su ideología es filofascista, neonazi (tiene incluso una organización paramilitar denominada Guardia Húngara), racista, antisemita, antigitano, xenófobo, homófobo e irredentista (en su programa se incluye la lucha por recuperar los territorios magiares previos al Tratado de Trianon de 1929 y la autodeterminación de todos los territorios que quedaron fuera de las actuales fronteras). Combina etnocentrismo con retórica populista antielitista y contra las instituciones políticas. Huye de las etiquetas de izquierda y derecha y prefiere clasificar a los partidos según su posición respecto a la globalización (enemiga de la patria), al rechazar el capitalismo global y la integración europea. Llegó a hacer una propuesta educativa que consistía en vincular el derecho al voto al logro educativo de la persona.

En 2014 obtuvo 23 diputados, y el mismo año se hizo con tres escaños en el Parlamento Europeo. Hoy es el tercer partido en el parlamento magiar.

En las últimas elecciones, Jobbik trató de dirigirse a la clase media empobrecida por las políticas redistributivas de Orbán y sus recortes en educación, y trató de huir del discurso más extremista de épocas anteriores (sobre todo en cuanto a sus políticas dirigidas a judíos y gitanos) tratando de ofrecer una imagen más moderada y así atraer a votantes descontentos del Fidesz.

En cuanto a la inmigración, Jobbik dice que debería colgarse un cartel que diga “No Vacancy” en las fronteras de Europa y cree que “la sociedad húngara debe garantizar su propia reproducción sin recursos externos, a modo de ralentizar el declive de la población en el país”. En cuanto a los refugiados en Hungría, el Jobbik lo considera una “una bomba de relojería”, ya que “los refugiados llegan a Hungría sin identificación oficial o destruyen sus documentos en la frontera” y “algunos de ellos pueden perjudicar a la comunidad de acogida o incluso llegar a cometer actos terroristas en determinados casos”. El Jobbik reconoce su cercanía con la política de Orbán en la cuestión de la inmigración, y aboga por la tolerancia cero con la inmigración y lo asocia sin pudor con una amenaza para la seguridad y con el terrorismo.

Lehet Más a Politika (LMP)

El partido Lehet Más a Politika (La Política Puede Ser Diferente, LMP) tiene cinco escaños en el parlamento pero se vio gravemente perjudicado cuando la mitad del partido se escindió en el movimiento del ex primer ministro Gordon Bajnai, quien formó Juntos 2014.

LMP es un partido político verde-liberal. Fundado en 2009, hoy pertenece Partido Verde Europeo donde tiene un eurodiputado. Las cuestiones clave son la protección del medio ambiente, el desarrollo sostenible y la lucha contra la corrupción de la elite política.

En cuanto a la inmigración, el LMP ha pedido respetar la reciente decisión del Tribunal europeo de Luxemburgo sobre el cumplimiento obligatorio de la política de reasentamiento de la UE para los solicitantes de asilo.

Hungría está llamada a renovar el parlamento en abril o mayo de 2018. Según las últimas encuestas, el Fidesz (en coalición con los cristiano demócratas del KDNP) de Orban obtendrá una aplastante victoria (entre el 50% y el 60% de apoyo electoral), y lo que es más inquietante, seguidos de la extrema derecha del Jobbik (entorno al 15%) que adelantaría a los socialistas (con tan solo un 10% en intención de voto). Orban ha abrazado la baza de la “homogeneidad étnica”, atrayendo el voto de la extrema derecha, no dudando en lanzar mensajes antisemitas, racistas y xenófobos mientras la oposición progresista se va desvaneciendo en la total irrelevancia parlamentaria.

Si las encuestas aciertan habrá, por tanto una mayoría abrumadora del voto intolerante y ultranacionalista (que podría llegar al 70% si sumamos al Fidesz y al Jobbik). La izquierda sigue muy dividida teniendo en cuenta el abundante inventario de los desmanes antidemocráticos y xenófobos del Gobierno, que además cambió la ley electoral para favorecer a su partido. Orbán parece feliz del acorralamiento de las instituciones europeas a sus políticas iliberales y antidemocráticas, que le da alas para seguir enarbolando el discurso ultranacionalista y antinmigración frente a una oposición desconcertada y con una agenda política inmensa y con múltiples frentes. Orbán ha elegido a Putin como socio preferente y se acerca a la Turquía de Erdogan frente a la Unión Europea, a la que cuestiona como amenaza a la identidad magiar y al discurso patriótico.