Encontramos la reacción más interesante a la ofensiva del discurso político antinmigratorio en la sociedad civil, organizada o espontánea, colectiva o individual, en red o dispersa pero, en definitiva, en las personas.

Sin ser un rastreo metódico, pensamos que estas historias de resistencia sirven como ejemplo y tienen además un carácter inspirador que llama a la réplica y al contagio.

Son ilustración de un empoderamiento que ayuda a cambiar el foco que alumbra a la víctima de la agresión xenófoba, gracias al cual no miramos a la persona victimizada, sino a la persona que contesta, que se expresa, que se levanta, que se organiza, que produce un cambio.

Nos preguntamos la medida de ese cambio. Y creemos que todas las escalas son importantes, por eso ponemos atención desde el pequeño acto micropolítico hasta el esfuerzo de diálogo y cooperación de estructuras que se generan para trabajar en el cambio social.

La resistencia a la xenofobia institucional, a los discursos políticos antinmigratorios, al racismo cotidiano la estamos viendo en:

  • los movimientos vecinales y locales que generan redes de apoyo,
  • las iniciativas privadas empresariales o profesionales,
  • el activismo en red o a pie de calle,
  • organizaciones de la sociedad civil que han incorporado la lucha contra la xenofobia a su actividad,
  • las expresiones individuales que impactan en el espacio público.

Estas acciones proponen:

  • conciencia social,
  • captación de fondos, donaciones, oferta de servicios solidarios gratuitos, etc.,
  • influencia en los gobernantes (a través de campañas en los medios o de incidencia política),
  • generación de alternativas.

Alemania: una lucha con herencia

Como hemos visto en la Parte 2.2, el carácter electoral del año 2017 nos ha hecho fijarnos de manera especial en el auge del partido de ultraderecha AfD y cómo los alemanes, con ese pasado histórico tan determinante, lidian con ello.

En 2016 se creó en Alemania una plataforma que aglutina a partidos, sindicatos, asociaciones e individuos de la sociedad civil, precisamente para combatir el auge de Alternativa para Alemania (AfD) con su irrupción en las cámaras de gobierno territorial (landstags). Give Something Back To Berlin promueve servicios gratuitos para extranjeros, que van desde la educación, la cultura, el ocio o la inserción en el mercado laboral. Asimismo, hemos visto la aparición de otras plataformas como Aufstehen Gegen Rassismus! (¡Resistencia contra el Racismo!), generadora de campañas como 10.000 Stammtischkämpfer (10.000 combatientes en la mesa), Levántate Contra el Racismo (Das #aufstehen-Netzwerk) o Tracemos una nueva línea roja (Die Rote Linie neu ziehen), con la que recordaron que tras la Segunda Guerra Mundial se aisló y se contuvo en la marginalidad a las organizaciones fascistas, una marginalidad de la que han conseguido zafarse.

El gran flujo de migrantes desde Oriente Próximo ha hecho de Alemania el país europeo más expuesto a la llegada de solicitantes de asilo, acogiendo en los dos últimos años a más de un millón de personas. Parte de su ciudadanía se ha implicado de manera ejemplar en esta crisis, como demuestran no solo estas plataformas sino otras muchas reacciones. Pero Alemania es una sociedad compleja y hay también muchos grupos xenófobos y anti-Islam, como es PEGIDA, que organiza manifestaciones que, a su vez, son el germen de contramanifestaciones y un movimiento de resistencia.

Los propios refugiados, como hemos visto en otros lugares, son también importantes generadores de resistencia cuando se activan políticamente, como hemos visto en Alemania en Place4refugees, creando un grupo de apoyo mutuo y asesoramiento o en Holanda con We Are Here.

Reino Unido: la diversidad en peligro

El referéndum del brexit y los atentados yihadistas han sido el caldo de cultivo para la generación de discursos antinmigratorios en el Reino Unido. De cara a las elecciones que tuvieron lugar en junio de 2017, el Partido Conservador, liderado por Theresa May y vencedor en los comicios, introdujo en su programa medidas antinmigratorias, como la de aumentar el Immigration Skills Charge, el coste que los empresarios deben pagar por cada trabajador extranjero que contraten.

Los británicos vivieron el periodo preelectoral pendientes de los resultados que obtuviera UKIP, el Partido de la Independencia del Reino Unido, que consiguió un 12,6% de los votos en las elecciones de 2015. Sin embargo, UKIP se ha convertido prácticamente en un partido residual, obteniendo un 1,84% de los votos.

El grupo de acción política HOPE (también llamado HOPE not hate), que desde 2004 viene realizando campañas antifascistas y contra el odio y la discriminación, ha visto en la llamada Crisis del Mediterráneo un nuevo campo de batalla, destapando en mayo de 2017 los planes del colectivo antimusulmán Defend Europe. El movimiento juvenil francés de ultraderecha Génération Identitaire fletó un barco en el Mediterráneo con el objetivo de detener o entorpecer el rescate de migrantes en el mar por otros buques pertenecientes a organizaciones humanitarias. La iniciativa se llama Defend Europe y el buque C Star regresó a puerto el 17 de agosto, dando por “terminada la primera misión” en términos de Génération Identitaire y, “siendo derrotados”, según el análisis de HOPE tras la campaña, que con éxito consiguió irrumpir en el espacio público.

Esta organización realiza una encuesta anual, titulada Fear not hate, sobre la actitud de los ingleses ante la raza, la inmigración y la pertenencia a la Unión Europea. Con una muestra de 4.000 entrevistas y más de 140 preguntas, según el último informe, el 55% siente que la inmigración es buena para el país, lo cual ha subido desde el 15% de 2011. Además, el 88% piensa que la inmigración es esencial pero que las necesidades económicas deberán determinar el futuro nivel de inmigración. Por otro lado, la encuesta también indica una creciente islamofobia, con solo un 10% de los encuestados que piensan que los musulmanes son “similares” a ellos mismos. El 52% cree que el Islam trae consigo una amenaza a occidente y el 42% admite tener suspicacias hacia los musulmanes tras los atentados de Londres y Manchester.

Como hemos visto en Francia con la documentación que realiza Utopia56 de los de los ataques xenófobos que se producen en Calais, o los informes de la Plataforma Ciudadana Contra la Islamofobia en España, la función de Tell Mama en Inglaterra es inspiradora. Tell Mama es un proyecto donde que facilitar reportar agresiones antimusulmanas en el Reino Unido, las cuales son verificadas, estudiadas y documentadas.

Francia: la revuelta desde el suburbio

La extrema derecha ha arrastrado al resto de partidos a un ideario xenófobo en materia de inmigración. El ejemplo más evidente está en el conservador Fillon, como hemos visto en la Parte 2.5. Hay candidatos que proponen cupos de entrada de inmigrantes, siendo Marine Le Pen la más estricta, proponiendo que solo entren en Francia 10.000 al año. Le Pen, al igual que Fillon, propuso en la campaña electoral la retirada de la sanidad pública a los inmigrantes y la deportación de todos aquellos que cometan delitos en territorio francés.

El temor al evidente apoyo al Frente Nacional, que llevó a su candidata hasta la segunda vuelta electoral, tiene a la sociedad francesa alerta, alumbrando héroes anónimos, desobedientes civiles y marchas en las banlieues (los suburbios).

Hay historias de vida llenas de coraje por parte de los inmigrantes que viven y trabajan en el territorio en el que ha reinado el Frente Nacional, Hénin-Beaumont, un lugar donde la desindustrialización ha hecho mella y ha gobernado la izquierda hasta 2014, que subió el FN gracias a la mala situación en la que se encontraba el pueblo. Hay artistas callejeros que son la voz colectiva de las banlieus.

Y también hay historias de desobediencia civil como la del granjero Cédric Herrou, quien ocupó un antiguo pueblo de veraneo abandonado que pertenecía al Servicio Nacional de Ferrocarriles Franceses para dar cobijo a los migrantes que cruzaban la frontera de Italia a Francia. Fue condenado con una multa de 3.000 euros por ayudar a migrantes a cruzar la frontera.

En Calais, La Jungla no desaparece pese a ser desmantelada. Muta, reaparece, se defiende. Hay adultos y menores extranjeros no acompañados que siguen malviviendo en este extremo de Francia, mirando hacia el Canal de la Mancha, buscando una manera de llegar a Inglaterra. Grupos violentos de extrema derecha patrullan, a la manera de los vigilantes de Arizona, los alrededores de Calais. Como reacción, los activistas de Utopia56 también patrullan, para evitar y denunciar las agresiones.

Además de asistencia en el terreno, Utopia56 colabora en la documentación de la historia oculta de Calais, formando parte del Refugee Rights Data Project, que recoge datos sobre cientos de migrantes que recalan en Calais, una metodología que están realizando también en la isla griega de Chios.

Como hemos dicho en la introducción, colectivos y organizaciones que vienen de atrás transforman su línea de actuación o cambian el foco debido a la importancia que cobra la defensa de los derechos de las personas migrantes. Así ocurrió en Marsella con Les Têtes de l’Art, una asociación de mediación artística activa desde el año 1996 que, entre sus principales motivaciones hoy por hoy, es la de enseñar la herramienta del cine a los inmigrantes de Marsella para que las utilicen para ser ellos los narradores de su historia, de su viaje, de su noticia.

República Checa: la fuerza de lo público

La sociedad civil checa se puede considerar vibrante teniendo en cuenta el contexto histórico reciente de falta de democracia, pero aún es altamente dependiente de las ayudas públicas. En este contexto, muchas de las resistencias que encontramos en la sociedad civil van de la mano de las instituciones.

El Ministerio del Interior checo elabora una estrategia anual para combatir el extremismo enfocado en la comunicación y la información para luchar contra la demagogia, los mensajes antiextremistas y la incitación al odio. Ya desde el informe correspondiente al año 2015 se podía observar el declive de las organizaciones neonazis tradicionales y un crecimiento preocupante de un nuevo espectro populista, xenófobo e islamófobo, disminuyendo las agresiones y mensajes antirroma para concentrarse en el sentimiento anti-Islam. También alertaba de que los sentimientos discriminatorios que pudieran encontrarse en sociedad checa se habían desplazados de los gitanos a los musulmanes. En este contexto, la Agencia Gubernamental para la Inclusión Social puso en marcha la iniciativa Sociedad Libre de Odio, que informa a la ciudadanía acerca de los eventos relacionados con la incitación al odio, los mensajes racistas y que tratan de combatir con tolerancia y promoción del diálogo, organizando y participando regularmente en debates públicos. También se ha creado Hate Free Zone (Zona libre de Odio) a la que se han sumado sitios de ocio, tiendas, bares, restaurantes, etc. que desean expresar su apertura y tolerancia. En 2016, varios de estos lugares —un centro de la Cruz Roja checa, una cafetería, una lencería, un centro infantil y el centro social Klinika en Praga— fueron atacados por grupos extremistas con la posterior condena tan solo de las autoridades locales.

A pesar del esfuerzo gubernamental, los grupos de odio crecen y los mensajes calan en la sociedad debido a una carencia de iniciativas legales, políticas concretas y recogida de datos, según señala el informe Together Fighting against Hate Crime.

En cuanto a la sociedad civil, de las oenegés más activas contra los crímenes de odio podemos destaca la Organización de Ayuda a los Refugiados (OPU), que lleva 25 años ofreciendo asistencia legal gratuita a los y las solicitantes de asilo en el país.

Otras iniciativas interesantes son Ne Rasismu!, formada por estudiantes que organizan manifestaciones y eventos culturales como pases de películas y debates, o la del grupo Acción Antifascista, que recaba pruebas de la filiación neonazi de los grupúsculos y organizaciones activas en el país, denunciando eventos, mensajes y aportando evidencias (testimonios, fotos, etc.) de estos mensajes.

Esta lucha no se queda en las calles, sino que también se libra en el ámbito académico. La ciencia puede ser una poderosa arma contra el prejuicio, como recuerdan los Científicos contra el miedo y la indiferencia (Vědci proti strachu a lhostejnosti), un grupo de académicos, investigadores y expertos en cultura islámica “preocupados por el fuerte aumento de la xenofobia e islamofobia en la sociedad” que trata de influenciar a políticos y medios de comunicación.

En la guerra contra la información intolerante se involucran medios como la revista centrada en la comunidad romaní Romea.cz y periodistas como Fatima Rahimi, que escribe sobre los derechos de los refugiados y la situación en Afganistán, o Fabiano Golgo, periodista checo de origen brasileño especializado en denunciar el racismo en el país. De que el arte es una estupenda herramienta contra el fascismo encontramos también ejemplos: entre ellos, el cineasta Tomáš Kratochvíl, autor de documentales sobre la situación de los campos de refugiados y del colectivo rumano en los barrios marginales, o Radek Banga, un cantante de hip-hop de origen gitano que ha recibido miles de insultos y amenazas por denunciar el bfascismo y racismo dentro del panorama musical checo.
España: la xenofobia oculta en lo cotidiano
Como hemos dicho en nuestro análisis, en España el discurso antinmigratorio no procede de la clase política, salvo episodios aislados o partidos de mínima militancia, aunque sí hay fallos del sistema —como en el sistema de asilo o los recortes en la sanidad pública— que producen lo que organizaciones como SOS Racismo denominan “racismo institucional”. Para esta organización, las actuaciones policiales y los abuso de poder de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado son “expresión del racismo institucional”.

En 2014, SOS Racisme demandó al alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, por el reglamento de Servicios Sociales de la ciudad, calificandolo de “muestra de normalización del racismo institucional”. El texto preveía dejar de conceder prestaciones a los inmigrantes en situación irregular, a personas que lleven menos de cinco años empadronadas en la ciudad o sancionados por la ordenanza de civismo.

Las actuaciones policiales del tipo identificaciones mediante perfil étnico es una manifestación de ese racismo. Como respuesta a ellas se crearon las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos, organizadas en Madrid para visibilizar y denunciar los controles policiales y redadas masivas a migrantes realizadas, con especial asiduidad, en el barrio de Lavapiés. Sus tres informes publicados entre 2010 y 2014 son una muestra de resistencia ciudadana que ha tenido una importante repercusión en la visibilidad de estas redadas de cara a la opinión pública.

También queremos destacar el activismo de la citada oenegé independiente, SOS Racismo, que recoge anualmente cientos de relatos de discriminación, xenofobia, abusos y violencia. En especial, es remarcable el portal creado por SOS Racismo Madrid Es Racismo, una plataforma web creada para recoger testimonios y “servir de altavoz a todas las prácticas racistas que, al estar tan instaladas en nuestra sociedad, pasan de largo a nuestros ojos y oídos”. Es Racismo utilizar el periodismo como herramienta para dar entrada al espacio público a la denuncia del racismo y la xenofobia que, de tan enraizada, pasa desapercibida.

Debido a este discurso antinmigratorio y racista de baja intensidad, que la mayoría de las veces no da lugar a denuncias policiales, el trabajo de la sociedad civil para recoger esos incidentes es fundamental. En esa misma línea, la Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia —una asociación independiente creada en 2011 adherida al Consejo de Víctimas de Delitos de Odio y Discriminación (COVIDOD) y al NO HATE SPEECH Movement)— viene realizando informes anuales sobre islamofobia en España desde 2014. Según los incidentes recogidos por la plataforma, hay un incremento del 106,12% respecto al año 2015.

Siguiendo con el periodismo y la comunicación, el poder de la sociedad en red para propagar información produce también un rápido movimiento de noticias falsas, bulos e informaciones interesadas. En ese sentido, queremos señalar iniciativas de resistencia como la Xarxa BCN Antirumors (Red BCN Antirumores), formada por más de 500 miembros, reuniendo entidades y personas a título individual, entre las que destaca el Ajuntament de Barcelona mediante el programa BCN Acció Intercultural. La estrategia de esta red es organizar campañas de sensibilización antirrumores, trabajar en los barrios de Barcelona sobre la interculturalidad y hacer formaciones gratuitas para la ciudadanía para convertir a las personas en “agentes antirrumores”.