República Checa (parte 2): construcción del discurso antinmigratorio

La elección presidencial del mes de enero será muy relevante, no solo por los lazos de la República Checa con Moscú sino por la siniestra personalidad de Zeman, un agitador islamófobo y xenófobo nacionalista, que extendería el discurso antinmigración a niveles intolerables.

Al contrario que en países como Francia, Reino Unido y Holanda, donde la postura islamófoba tiene epicentro en la derecha ideológica, en la República Checa, como en Eslovaquia, el discurso islamófobo se extiende por toda la partitura ideológica, pero especialmente en los partidos de izquierda, que ejercen un radicalismo característico de la región.

A su vez, habría que tener en cuenta el contagio recíproco entre los gobiernos de Europa del Este, donde cada ejecutivo se retroalimenta del discurso antinmigratorio de sus vecinos, como si se tratara de una cuestión geopolítica regional basada en una geoestrategia conjunta.

En mayo de 2017, la Comisión Europea planteó un ultimátum para que las autoridades checas comenzasen a cumplir con la acogida de demandantes de asilo. Chequia debería recibir antes de finales de septiembre de 2017 a 2.600 inmigrantes, de los que hasta finales de 2017, sólo habrian sido reasentados 52 y sólo 12 reubicados (mientras que Polonia y Hungría no han recibido a ninguno). El ministro del Interior checo, Milan Chovanec, insiste en anteponer la seguridad del país a las cuotas dentro de la retórica del miedo y de la sospecha hacia el inmigrante.

Pero es que la irresponsabilidad y la impunidad en este discurso del miedo parten sobre todo del mismísimo Jefe del Estado checo. El Presidente de la República Checa, Miloš Zeman (Partido Socialdemócrata, antiguo partido comunista), elegido en 2013, ha dejado en la hemeroteca declaraciones como las que siguen:

  • “Los migrantes impondrán la ley sharia, apedrearán a las mujeres a muerte por adulterio y cortarán las manos de los ladrones”.
  • Zeman describió al Islam como “anti-civilización”. Para él no hay musulmanes moderados, al igual que no había nazis moderados.
  • El Islam es “una cultura de asesinos y odio religioso” (Zeman en una  convención del grupo Bloque contra el Islam, partido cuyo líder ha sido denunciado por incitación al odio).
  • Es “prácticamente imposible integrar a la comunidad musulmana en la sociedad europea. La economía de la crisis de refugiados pone de manifiesto nuestra bancarrota moral…”Déjalos tener su cultura en sus países y no llevarla a Europa, de lo contrario terminará como Colonia.
  • Sobre la política migratoria y el efecto de dar entrada a refugiados en el país checo: “estoy convencido de que nos enfrentamos a una invasión organizada, no a una espontánea ola de refugiados”.
  • Zeman no dudó en comparar la llegada de los refugiados a la invasión nazi que sufrió su gente, alegando que sus compatriotas intentaron “luchar y liberar el país”. […] Una mayoría importante de refugiados son jóvenes en buenas condiciones; me pregunto por qué no se levantan en armas para luchar por la libertad de sus países contra el Estado Islámico”.

Además, junto al primer ministro eslovaco, Robert Fico, ambos insisten en relacionar la crisis migratoria con el terrorismo, lo que pone a las pequeñas comunidades musulmanas y a los pocos asilados en una incómoda situación.

Si de los representantes políticos emana este discurso, lógicamente en el electorado están presentes. Según una encuesta de febrero de 2015, el 65% de los checos se oponen a la llegada de inmigrantes y refugiados.

Según el estudio de la Fundación turca SETA (Fundación para la Investigacion Politica, Economica y Social) sobre Islamofobia en Europa (PDF), y en particular en la República Checa, en 2016 se exhibió una intolerancia muy agresiva en manifestaciones xenófobas (como una marcha neonazi contra el vicealcalde de la ciudad de Brno por defender la acogida de refugiados), en el intento de crear partidos islamófobos para las elecciones regionales, y en la proliferación en el establishment político del discurso del odio antimusulmán. La polarización sobre la cuestión de los inmigrantes (casi siempre identificados como musulmanes, aunque no sea así numéricamente), ha hecho que surjan dos bloques en la sociedad:

  • Los que se oponen a la “amenaza extranjera” y llaman a la consolidación nacional.
  • Aquellos que abogan por la compasión y, a menudo como voluntarios, ayudan a los solicitantes de asilo.

La contaminación del espectro político con las ideas antinmigración

El problema del panorama político checo es que el uso del discurso populista y discriminatorio, particularmente islamófobo, es dominante y omnipresente.

Según el citado estudio sobre islamofobia en la República Checa de la Fundación turca SETA, hay que resaltar dos tendencias que se produjeron a lo largo de 2016, por un lado el intento de formar una coalición antinmigración antes de las elecciones regionales, y por otro la creciente penetración en la agenda política de esos mensajes y grupos islamófobos. La contaminación es tal, que a veces es imposible saber si ciertas declaraciones provienen de lo que se considera la franja xenófoba o si son ideas propias de los políticos y gobernantes tradicionales. Por ejemplo, el primer ministro electo y anterior viceprimer ministro, Andrej Babiš, a pesar de ser de origen inmigrante, dijo que la República Checa no debe admitir a ningún inmigrante, que deben quedarse en Turquía u otros países vecinos para que puedan regresar a Siria, y que el ejemplo de los países occidentales demostró que no pueden integrarse. Y es que en la República Checa, a pesar de tener una población musulmana exigua y decreciente, el componente xenófobo es claramente de corte islamófobo, ya que la población inmigrante mayoritaria es ucraniana, pero el foco se pone en el Islam como enemigo de la nación checa.

Empezando por el Presidente de la República y pasando por los miembros del Gobierno, la retórica del miedo y el rechazo al otro está siempre presente. Además de ser un discurso dominante, existe un partido de ultraderecha, con 14 diputados electos (USVIT) que incluye en su programa mensajes racistas y xenófobos explícitos. El impacto mediático de la llamada “crisis de los refugiados” ha sido sobredimensionado (en 2015, tan solo 71 de los 1.525 solicitantes de protección internacional recibieron asilo) y utilizado como arma electoral acudiendo a la retórica del miedo y haciendo explícitas alianzas entre Islam-terrorismo-delincuencia, como una amenaza a la seguridad y la identidad nacional. Es un discurso falso ya que la población checa es bastante homogénea, mayoritariamente eslava (solo el 4% son gitanos o vietnamitas) y tan solo 3.500 son de religión musulmana siendo la mayoría del país agnóstica.

Descarga el informe completo sobre la Antinmigración en Europa – República Checa en PDF.

La incitación al odio contra gitanos y musulmanes tiene espacio en los medios de comunicación (al menos de manera indirecta a través de blogs y espacios asociados ) y en las redes, calando en la sociedad junto a la desconfianza hacia el sistema político como fuente de corrupción y abusos, uniéndose los dos discursos para nutrir al populismo e incendiar el debate.

  • El Bloque contra el Islam es uno de esos movimientos abiertamente islamófobos, que han contado en ocasiones con el apoyo de políticos e incluso del presidente Zeman en sus convocatorias y llegó a trabajar con el Partido de ultraderecha USVIT (Amanecer). El Bloque se disolvió recientemente y fue rebautizado como su líder: Iniciativa Martin Konvicka.
  • El SPD (Libertad y Democracia Directa – Tomio Okamura) que ha obtenido 22 diputados con el apoyo de la 10,62% del electorado es un partido político ultraderechista, antinmigración, islamófobo, antigitano y antipobres. Anteriormente, bajo las siglas del USVIT (Amanecer de la Democracia Directa), sufrió una escisión que en lugar de llevarle a la irrelevancia parlamentaria ha supuesto su irrupción como cuarta fuerza en esta legislatura.
  • El Partido de los Trabajadores Sociales y Partido Obrero lleva años luchando contra los inmigrantes. Su tendencia es nacionalista: “nuestra preciosa tierra checa está siendo inundada por una destructiva ola de inmigrantes que está destruyendo todo lo bueno que tenemos aquí. No estamos dispuestos a tolerar esta inmundicia”, alegaba su líder, Tomáš Vandas, en una de las manifestaciones. No tiene representación parlamentaria.

Babiš es un pragmático y no un ideólogo, lo que le acerca más a la Eslovaquia de Robert Fico que a la Hungría de Orbán o a la Polonia de Lech Kaczyński. Su política exterior, por tanto, es impredecible y dependerá de la coyuntura de cada momento, ya que no es prioritaria en su programa. Tan solo su postura restrictiva hacia la inmigración es decisiva: apoyó el envío de buques de la OTAN a operaciones contra el tráfico de migrantes en el Egeo en 2016, y podría apoyar la idea francesa de establecer centros de protección de migrantes en los países del norte de África. Es partidario de que Chequia no entre en la zona euro, en consonancia con la mayoría de la población, pero queda la interrogante de su orientación geopolítica respecto a Rusia o hacia las relaciones euroatlánticas. Los socios que elija para formar Gobierno influirán en uno u otro sentido, así como quien saldrá elegido en las elecciones a la presidencia de la República en enero de 2018. Si elige a la ultraderecha xenófoba del SPD de Tonio Okamura y sale reelegido Zeman, la República Checa se inclinará por mayores lazos con Putin, y si hay gobierno con los democratacristianos, la balanza se escorará hacia occidente.

La elección presidencial del mes de enero será muy relevante, no solo por los lazos con Moscú sino por la siniestra personalidad de Zeman, un agitador islamófobo y xenófobo nacionalista, que extendería el discurso antinmigración a niveles intolerables.

La Fundación porCausa realiza una investigación en marcha sobre el discurso antinmigratorio en Europa.

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