La precarización y la falta de recursos económicos a las que se han visto sometidos muchos jóvenes
en España durante la crisis han terminado por disparar la vulnerabilidad del colectivo. Las medidas y ajustes de las instituciones públicas para frenar esta situación no han solucionado un problema estructural arrastrado durante años, agravándolo en muchos casos debido a los recortes en los presupuestos llevados a cabo por la administración.

La generación joven y sus expectativas se han visto truncadas, siendo la precariedad un rasgo definitorio del colectivo que dificultad cada vez más su inserción activa en la sociedad. Las consecuencias de esta inestabilidad e inseguridad van más allá de la decepción o el desánimo: la formación de familias, el desarrollo personal y profesional o la natalidad están muy vinculados a la culminación de estos planes vitales. El aumento de la precariedad y el empobrecimiento de los jóvenes en España está teniendo un impacto demográfico notable, tanto en la estructura de los hogares como en el conjunto de la población.

 

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