El auge de la xenofobia une a más de 75 profesionales en busca de una receta común para contar las migraciones

El autobús con los 29 periodistas restantes para cumplir el cupo total de los asistentes al I Congreso de Periodismo de Migraciones hizo una pequeña parada para desayunar a eso de las 9 y media de la mañana, a mitad de camino entre Madrid y Mérida. Un café y alguna que otra tosta comenzaron a resucitar al equipo que, para sorpresa de lo que cualquiera pudiera creer, ya de buena mañana, e incluso sin conocerse algunos todavía, comenzaron a intentar salvar el mundo desde la pequeña mesa de un bar de carretera. La cobertura de las migraciones monopolizó el boca a boca durante el resto del trayecto hasta llegar a la capital extremeña. Tanto interés por algo que forma parte del trabajo, aun no cobrando como si de un trabajo se tratara (en algunos casos) solo puede significar una cosa: la más pura y absoluta vocación por el periodismo y más concretamente por las historias sobre migración.

Este fue un reflejo representativo de lo que se pudo vivir ese mismo día en el centro cultural La Alcazaba de Mérida. El evento organizado por la fundación porCausa con el apoyo de la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional (Aexcid), contó con más de 75 profesionales; entre ellos periodistas, activistas y miembros de ONG con el fin de buscar una solución al auge de los discursos xenófobos europeístas que encuentran su lugar en la desinformación.

Frontera Sur

Una de las zonas con mayor operativa mediática y de ONGs es la frontera sur española, el punto caliente que para los inmigrantes representa el salto a Occidente y el último de los desafíos a superar en su largo viaje en busca de una vida digna en un país que respete los derechos humanos. “Tenemos muchísimas restricciones por parte de las autoridades públicas de acceder a testimonios de las personas migrantes”, señala Sergio Rodrigo, miembro de EntreFronteras y periodista de TeleSur. “Los policías y Guardias Civiles pasan por delante de las cámaras y tapan la imagen, además se nos ha acusado muchas veces de que vulneramos la intimidad de estas personas, pero ni siquiera nos dejan preguntarles si quieren salir en los reportajes” continuaba el periodista.

“En los medios españoles impera la precariedad económica, esto hace que no se refleje con suficiente calidad lo que ocurre en Melilla”, comenzó Antonio Ruiz, periodista afincado en la Ciudad Autónoma. “Pienso que la Ley Mordaza es el ataque más fuerte que ha tenido la libertad de expresión estos últimos años. Las autoridades multan a los fotógrafos y redactores que quieren acercarse al lugar”, relataba.

La labor del corresponsal, menos valorada, más difícil y peor pagada

“No podemos entender África subsahariana con cuatro personas trabajando allí”. La afirmación de José Naranjo, veterano periodista de El País resonó en el auditorio, y aunque no arrancaron los aplausos, los oyentes asentían al unísono dejando entrever su indignación por la primera oración de una de las muchas verdades incómodas que protagonizaron la tarde del primer día de congreso.

Otra de las proclamas que se lanzó fue la de que a los medios solo les interesan las breaking news. Este hecho crea una sociedad desinformada, que toma los estereotipos como reales y origina una posverdad alternativa en la que el imaginario occidental ve África como un continente pobre y al inmigrante como un sujeto al que temer. Eileen Truax, periodista especializada en migración y política puso sobre la mesa el valor del contexto en las historias: “Cuando contamos las migraciones, tendemos a perder el hilo que nos hace no entender la vida de estas personas. No contamos sus historias del día siguiente; ¿Qué pasó después? ¿Cómo están económicamente? ¿Qué fue de ellos? ¿Cómo hacemos para que, en nuestras comunidades, podamos seguir cubriendo esas historias más allá del tránsito?”, reflexionaba la escritora mexicana.

Los bulos, el arma más poderosa del discurso xenófobo

La mayor cantidad de información no nos llega por Twitter para nuestra sorpresa, sino que es WhatsApp el mayor aliado de los bulos, como apuntan desde Maldita.es, un medio encargado de desmentir informaciones falsas. “La comunidad puede verse influenciada por la gente que recibe el bulo”. Así contaba Julio Montes, miembro de Maldita.es cómo la máxima de Goebbles: Una mentira dicha mil veces se convierte en verdad, se ha cumplido maximizando el apoyo de los discursos de la ultraderecha. Según Beatriz Marín, analista de medios en la Comisión Europea, la única manera de contrarrestar la desinformación es una sociedad educada.

Ética en los relatos migratorios

“Tenía menos dilemas morales en Afganistán que en el despacho del periódico”, contaba David Jiménez al público. El que fue director de El Mundo, se mostró orgulloso por ser el director de periódico que menos ha durado en la historia de España: “Para seguir, tendría que haber hecho cosas que no estaba dispuesto a hacer”. Consciente de lo difícil que se hace mantener una actitud ética coherente con la profesión, el periodista británico-somalí, Ismail Einashe, argumentaba que la clave para realizar un reportaje acorde con la ética de la profesión, es reconocer la narrativa. “Nuestra voz importa, tenemos que ver a los inmigrantes como participantes activos de un proceso, no como objetos de un relato”, sentenciaba el redactor de medios como The Guardian y The New York Times, entre otros.

Periodistas y ONGs, una relación más estrecha de lo debido

La última mesa de la tarde comenzaba con la lección del periodismo más básico impartida por el exdirector de El Mundo, David Jiménez, la distancia del periodista con respecto a las fuentes de la información; en este caso las ONGs: “Hay que recuperar la misma distancia que tenemos con cualquier organismo también con las ONGs”, recordaba. Jack Lundie, director de la campaña Centenario de Save the Children International, dándose por aludido argumentó que los medios y estas organizaciones pueden trabajar juntos, aunque nunca hay que olvidar que el periodista es periodista.

María Rodríguez, periodista freelance afincada en África, comentó que, aunque ella es muy crítica con las ONGs, estas son los mejores amigos del freelance. Esta primera frase introductoria, no sería más que un preliminar con el que después, la joven periodista mostraría su visceralidad en contra de dichos organismos: “Las ONG hacen el trabajo que deben hacer los gobiernos, las ONG acomodan al periódico y el gobierno”, denunciaba. Para ella, admitió, lo importante es que sus principios prevalezcan.

Por su parte, Gabriela Sánchez, Coordinadora de Desalambre, la sección de eldiario.es especializada en derechos humanos, expuso que, aunque dichas organizaciones tengan sus propios intereses, a veces son la única manera de acercar a un periodista a determinados lugares o personas: “Si el reportaje en cuestión ha sido financiado por una ONG, hay que especificarlo”, concluyó la Coordinadora de Desalambre.